Sugerencia del día: Tirar algo viejo.
A veces las decisiones se toman por si solas.
Todo empieza limpiando mi dormitorio en uno de esos momentos que la inspiración y la fuerza de voluntad le ganan a la pereza. Me detengo por un segundo, y me doy cuenta que se viene una reflexión potencialmente clave...
Estoy agarrando un cuaderno viejo, escrito hasta la última página con cosas que sé, con certeza absoluta, ya no pienso volver a leer en mi vida.
No deja de asombrarme que una serie de hojas de papel garabateadas, encarpetadas entre dos láminas de cartón moribundas tengan algún impacto sobre mí. Eso es todo lo que hay, pulpa de madera y tinta azul de bic robada (como todas las lapiceras de su clase). Pero el cuaderno es un veterano de guerra de otras tantas limpiezas. No es la primera vez que lo sostengo en mis manos y me pregunto sin lograr responder, porqué cuernos no lo tiro de una buena vez.
Pasan cuatro años. El cuaderno sigue acampando en el estante, llenándose de polvo con el estoicismo de una estatua, pero más al pedo, porque de obra de arte tiene poco y nada.
Resulta que hay varios lugares de mi dormitorio albergando otros supervivientes aparte del cuaderno. Encuentro la cartita de una novieta de la adolescencia. Un pedazo de piedra de las últimas vacaciones disfrutadas con alguien muy querido que no pudo ganarle el juego al cáncer. La primera historieta de superhéroes comprada con mi propia plata. Al fin y al cabo, puede ser cualquier objeto al que le atamos un recuerdo que nos asusta perder en el momento de mandar todo a la bolsa de basura.
En el cuaderno, por ejemplo, están registrados cual bitácora, todos los días que transcurrí mientras iba dando los primeros pasos de la carrera que elegí por vocación. Y por eso cada vez que llega el momento del año de mandarlo mudar, hago lo opuesto a pensar, e impulsivamente vuelvo a dejarlo en donde estaba, junto a una sorprendente cantidad de otras cosas, para que sigan juntando polvo hasta la próxima limpieza.
En el cuaderno, por ejemplo, están registrados cual bitácora, todos los días que transcurrí mientras iba dando los primeros pasos de la carrera que elegí por vocación. Y por eso cada vez que llega el momento del año de mandarlo mudar, hago lo opuesto a pensar, e impulsivamente vuelvo a dejarlo en donde estaba, junto a una sorprendente cantidad de otras cosas, para que sigan juntando polvo hasta la próxima limpieza.
La memoria nos define, y algunos recuerdos están asociados a estos variados cachivaches que representan un momento en nuestras vidas. Por eso nos cuesta tanto tirar algo que viene juntando polvo y ocupando espacio. Resulta que el cachivache de turno está para recordarnos a cada uno sobre la persona que nos fuimos construyendo. Como nuestra cara reflejada en un espejo, que nos muestra lo que ya conocemos tan bien de nosotros mismos.
Y acá es donde entra el punto jugoso del asunto. Todos sabemos que no hay nada más humano que el miedo a lo desconocido, a lo nuevo, a lo que no podemos reconocer a base de experiencia empírica o conjetura asumida como verdad. Pero la realidad es que a veces es necesario tirar lo viejo. Animarse es una prueba difícil. Pero el resultado es un espacio liberado para nuevas memorias, con la promesa de que pueden ser mucho mejores de las que habían antes. Lo nuevo nos genera inseguridad pero también puede darnos esperanza.
Y acá es donde entra el punto jugoso del asunto. Todos sabemos que no hay nada más humano que el miedo a lo desconocido, a lo nuevo, a lo que no podemos reconocer a base de experiencia empírica o conjetura asumida como verdad. Pero la realidad es que a veces es necesario tirar lo viejo. Animarse es una prueba difícil. Pero el resultado es un espacio liberado para nuevas memorias, con la promesa de que pueden ser mucho mejores de las que habían antes. Lo nuevo nos genera inseguridad pero también puede darnos esperanza.
Llevamos milenios manejando objetos. Desde que aprendimos a fabricar herramientas no hemos parado, hasta tener una cantidad infinita de cosas útiles que nos hacen la vida más fácil. Pero eso conllevó la creación objetos que no tienen un fin utilitario... Si les atribuimos cualidades espirituales pasan a llamarse "talismanes", los obtenemos tras un gran esfuerzo y entonces se denominan "trofeos", o los traemos de un lugar al que fuimos de visita y son "sourvenirs". Cosas que valoramos pero que no sirven realmente para nada, excepto un mínimo de satisfacción emocional (mis respetos a los esotéricos, pero yo no creo en los talismanes, mi fe está en el potencial creativo de cada ser humano).
Las teorías del desapego en general nos hablan de que uno es esclavo de los objetos si no podemos deshacernos de ellos en un abrir y cerrar de ojos. Que quedamos dominados por la carga emocional que le otorgamos y se transforman en pequeñas anclas, conectadas por una cadena, a nuestra memoria. Nos angustia la idea de tirarlos, aunque en el fondo también nos molesta tenerlos y que no nos sirvan para absolutamente nada.
Pero también hay otras corrientes del pensamiento que trabajan sobre los objetos personales…
Pero también hay otras corrientes del pensamiento que trabajan sobre los objetos personales…
El Feng Shui, que en nuestros días es utilizado por diseñadores de moda frívolos para hacerse los cosmopolitas, es en realidad una suma de conocimientos muy antiguos que ponderan sobre el flujo de las energías. No puedo ahora profundizar en toda esta filosofía, pero hay seis preguntas interesantes que propone justamente a la hora de decidir si ya es hora de tirar un objeto.
1- ¿Me gusta?
2- ¿Lo necesito?
3- ¿Actualmente me identifico con él?
4- ¿Es positivo guardarlo?
5- ¿Esta roto?
6- ¿Lo voy a reparar?
Quizás algunos objetos no tenga sentido tirarlos, porque los consideramos genuinamente bellos, nos divierten (yo tengo algunos juguetes en mi escritorio) o bien siguen cumpliendo una función. El cuaderno todavía podría tener algunas hojas en blanco para entintar con lo que se nos de la gana. Pero nada genera tanta libertad como poder desapegarse de lo que nos limita, de lo que nos confunde, de lo que está obstaculizando la entrada de cosas nuevas.
El estancamiento siempre arruina cualquier sistema vivo. Es mejor dejar espacio libre para seguir lleno de vida. La memoria nos define, pero animarse a darle oportunidades a lo desconocido también es una manifestación de nuestra identidad.
Dejo de pensar. Agarro el cuaderno y lo tiro a la mierda de una buena vez...
Sucede que a veces, hay decisiones que se toman solas.
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