Muere una chica desnuda y rondan buitres con cámaras de fotos...
Por algún lado tiene que andar el límite ético, despistado cual niño perdido en un shopping, que no se entera que lo estamos buscando a los gritos…
A veces pasa que uno confunde el periodismo con entretenimiento. En estos tiempos los primeros en confundirse son los periodistas, o por lo pronto sus señores empleadores. Los maravillosos editores de periódicos y los excelsos jefes de programación de los canales que vemos sin mucha más elección que la de hacer zapping a otra señal mas o menos parecida. En realidad es obvio que no se confunden, saben exactamente lo que hacen y eso logra que todo esto sea tanto más odioso.
Crónica de una muerte anunciada sin ética ni juicio de valor.
Alguno habrá que no tiene Twitter (con lo cual no vio el hashtag #latapadecronica) y se pregunta de qué carájo estoy hablando…
Alguno habrá que no tiene Twitter (con lo cual no vio el hashtag #latapadecronica) y se pregunta de qué carájo estoy hablando…
Arde Roma. O más bien Buenos Aires y el resto de la cascoteada Argentina porque los señores y señoras de Crónica tuvieron el coraje de lanzar una publicación en cuya portada podemos ver una mujer joven muerta, desnuda, en el piso de un baño, con el titular más hipócrita de toda la historia: “Pobre Jazmín”… no adjunto link, porque aunque este es un pequeño blog, me niego a generar tráfico para algo que sobrepasa lo indignante. Pero los incrédulos pueden buscar esa foto, van a encontrarla en cuestión de segundos… y van a desear no haberlo visto.
Ver esa foto y encima saber que es la portada de una revista, es morirse un poco por dentro.
Es un ataque a la razón. Porque no es posible analizar de buenas a primeras la rabia que produce ver una tragedia trivializada para el pan y circo de los medios. Son unos reverendísimos hijos de mil puta. Fin del análisis. Nadie que tenga un mínimo de alma puede tomar la decisión de vulnerar de esa manera la vida o muerte de un ser humano, ni el momento atroz que vive la familia involucrada. Parece mentira que haya sucedido.
Pero sucedió. Hubo un fotógrafo, que logró entrar a la casa, llegó hasta el baño y sacó fotos. Nadie lo detuvo, y si lo intentaron, nadie logró agarrar su cámara y machacarla con toda justicia contra el suelo. Luego, ese mercenario de corazón muerto fue a mostrárselas a un editor, con el corazón todavía más muerto, que decidió usarlas y el resto, muy a nuestro pesar, es noticia.
Una noticia que los demás medios van a tener que mencionar si o si, como mínimo para repudiar el hecho. Para lavarse las manos y decir que sus colegas de Crónica estuvieron horrible, como si nunca hubiesen hecho exactamente lo mismo de una u otra manera. Todos van a capitalizar con esto.
Porque lo que hay que señalar es que esa revista pone en el titular un lamento por la chica, pero no deja de ser con el objetivo de vender su producto. Algo que promociona la revista para que la compres. Estoy puntualizando algo obvio, lo sé. Pero no puedo evitar imaginar una figura anónima y repelente completando el titular en su mente: “Pobre Jazmín… ahora danos plata por ver más basura morbosa”. Están lucrando con la muerte de un ser humano de una manera tan implacablemente evidente que uno no entiende como no los salieron a buscar con palos y antorchas. Ciertamente se lo tienen merecido.
De una empresa súper amarillista como Crónica ya no nos debería sorprender realmente nada. Pero me gusta imaginar que a modo de boicot repentino y unánime, nadie compró un solo ejemplar de esa revista. Que la gente, esa masa amorfa y habitualmente catalogada de estúpida, tuvo un momento de lucidez colectiva para castigar a esta empresa de la manera más clara y contundente que hay en nuestra sociedad capitalista… gastando su dinero en alguna otra cosa.
Una noticia que los demás medios van a tener que mencionar si o si, como mínimo para repudiar el hecho. Para lavarse las manos y decir que sus colegas de Crónica estuvieron horrible, como si nunca hubiesen hecho exactamente lo mismo de una u otra manera. Todos van a capitalizar con esto.
Porque lo que hay que señalar es que esa revista pone en el titular un lamento por la chica, pero no deja de ser con el objetivo de vender su producto. Algo que promociona la revista para que la compres. Estoy puntualizando algo obvio, lo sé. Pero no puedo evitar imaginar una figura anónima y repelente completando el titular en su mente: “Pobre Jazmín… ahora danos plata por ver más basura morbosa”. Están lucrando con la muerte de un ser humano de una manera tan implacablemente evidente que uno no entiende como no los salieron a buscar con palos y antorchas. Ciertamente se lo tienen merecido.
De una empresa súper amarillista como Crónica ya no nos debería sorprender realmente nada. Pero me gusta imaginar que a modo de boicot repentino y unánime, nadie compró un solo ejemplar de esa revista. Que la gente, esa masa amorfa y habitualmente catalogada de estúpida, tuvo un momento de lucidez colectiva para castigar a esta empresa de la manera más clara y contundente que hay en nuestra sociedad capitalista… gastando su dinero en alguna otra cosa.
La gran mentira.
Y sin embargo, el problema no es solo de Crónica, porque es una actitud que tienen todos los periodistas de empresas grandes, que flirtean cual histérica de boliche, entre mostrarte lo más morboso y después taparlo como si todavía tuviesen algo de pudor.
Y sin embargo, el problema no es solo de Crónica, porque es una actitud que tienen todos los periodistas de empresas grandes, que flirtean cual histérica de boliche, entre mostrarte lo más morboso y después taparlo como si todavía tuviesen algo de pudor.
Pasa algo bastante triste con los que promueven este tipo de material pseudo periodístico. Te tratan de convencer, con una batería de argumentos ensayados hasta el hartazgo, que es nuestra culpa que surjan este tipo de noticias. Que si se cubre de manera morbosa y amarillista, es porque así es como la gente lo quiere. Es nuestra culpa que la modelo salga muerta en el piso del baño, apenas con una toalla de mano para cubrir su cuerpo. También es nuestra culpa que muestren gente muerta en accidentes de tránsito, agujeros de bala en las puertas de los negocios robados y la gente indignada, furiosa, llorando porque perdieron a un ser querido. Nosotros, el público consumidor, somos los responsables de que la muerte y el morbo vendan. Las empresas de periodismo se resignan, con infinita condescendencia, y nos dan exactamente lo que queremos.
Estos profesionales de los medios cobran un cheque a fin de mes, por darnos basura. Se entiende que no puedan revelarse contra el sistema porque de no hacer lo que les dicen, los reemplazan con nuevos mercenarios que ya van teniendo en cuenta lo que sucede si protestan. Hay que comprar pan, pagar la luz, y comprarle ropa a los nenes, que siguen vivos, porque como señaló una vez Gonzalo Frasca ante una noticia similar, ninguno de los periodistas involucrados tiene que vivir la desgracia de ver a uno de sus hijos sin vida transformado en noticia. Por eso se callan, siguen trabajando en su sucio negocio amarillista, y como necesitan un mínimo de paz mental, la culpa se la tiran a la multitud anónima que día a día consume el vómito periodístico de los medios.
No es mentira que consumimos con avidez la peor prensa posible. Porque lamentablemente, hay una parte rota de nuestro cerebro que segrega endorfinas con la desgracia ajena (Schadenfreude se llama, o también “delectación morosa”, pueden buscarlo). Lo que sí es una mentira infinita es que si nos cambian radicalmente los contenidos por algo mejor no los vamos a mirar. Que si todos los canales de televisión, y todas las publicaciones levantasen un poco el nivel de sus contenidos, el público se pondría a leer libros o escuchar la radio. Como si nos despertásemos repentinamente de una hipnosis que nos tiene sujetos a los contenidos nefastos del periodismo moderno.
No es así, manga de canallas. No vamos a dejar de chupar de la teta, pueden estar tranquilos.
La contraoferta.
Ignoro si algún periodista de los medios masivos de comunicación leerá esta nota. Pero esto es lo que propongo...
Ignoro si algún periodista de los medios masivos de comunicación leerá esta nota. Pero esto es lo que propongo...
Se empieza por respetar la inteligencia y la integridad humana. Nadie necesita ver un cadáver para entender que ocurrió una desgracia. Pocos necesitamos realmente saber que de hecho ocurrió una desgracia. La mayoría preferimos saber sobre sucesos que nos van a afectar en el presente y en el futuro. Todos nos vamos a ver beneficiados de tener información simple y concisa sobre cultura, practicas de salud, medidas de seguridad, avances en la ciencia, y algún que otro chisme jugoso (porque seguimos siendo primates).
De ahí en adelante, quizás se puede continuar con un pacto silencioso basado en la ética y en la buena voluntad. Un código, de que nadie cruzará la línea para vender más, del mismo modo que muchos competidores del mercado acuerdan en no bajar los precios para evitar la competencia desleal.
Entiendan, esto es mucho mejor a que finalmente nos convenzan de que es nuestra culpa y el poder está en nuestras manos. Porque el día que logren hacernos pensar así... corren el riesgo de que hagamos un boicot que los arruine de por vida, y la noticia que van a pasar es que cierran por bancarrota.
Siempre va a ser mejor mantenernos ,a nosotros los idiotas, bien contentos. Ser menos hijos de puta. Que el pan y circo no tiene porqué ser el coliseo romano con gladiadores destripados. Un par de acróbatas pintones y algún que otro payaso de la política tratando de vender humo ya nos alcanza y sobra.
Al final, el titular hipócrita tiene algo de verdad… Pobre Jazmín, es una desgracia que una persona joven muera, pero mucho más que su muerte sea utilizada vilmente para vender un poco más de celulosa satinada. La decencia y la compasión no deberían tener precio. Ayer, unos periodistas lo tarifaron bien barato.
Pobrecitos ellos también… porque están muertos por dentro.
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